Reflexión Bíblica del Día

Jesús dijo: “Entonces se verá al Hijo del hombre venir en las nubes con gran poder y gloria. Él mandará a los ángeles, y reunirá a sus escogidos de los cuatro puntos cardinales, desde el último rincón de la tierra hasta el último rincón del cielo”.
 
¿Quién..? No es otro que aquel que llevó en su propio cuerpo los sufrimientos y las adversidades de la historia humana, el mismo que después de su resurrección se les apareció a los discípulos que había “escogido”. Se manifestará finalmente, ante los ojos del mundo entero en su verdadera dignidad. Este es el fin de la historia humana: la manifestación del Señorío de Jesús, el que venció a los poderes del mal y lleva a su consumación la victoria alcanzada en el sometimiento definitivo de todo lo que se opone a la vida. Sabemos entonces que, en esta historia donde hay tanto dolor y muerte, tantos absurdos provocados por el mismo ser humano, el final no será una catástrofe sino la victoria de la vida. Es verdad que los discípulos en el mundo se exponen a sufrir mucho por asumir ser profetas ante estructuras injustas, son perseguidos y maltratados, pero también es verdad que Jesús es fiel hasta el fin con quienes le siguen. Por eso la vida de los discípulos no puede llevarse de cualquier forma ni ha de terminar de cualquier manera: su Señor los busca en todo lugar en que se encuentren, y los reúne. La comunión de vida con Jesús puede costarles a los discípulos una muerte que algunas veces puede llegar a ser cruenta, pero donde precisamente resucitar en esta muerte los conduce a la comunión eterna con Jesús.